GORDOFOBIA

La activista Marilyn Wann, creadora del fanzine Fat! So? (¡Gorda! ¿Y qué?),  cuenta que siempre la acompañó un dolor que no era capaz de nombrar y que, menos que menos, no podía aliviar, incluso tomando cursos de teoría feminista: “el cuerpo” del que hablaban muchas autoras del feminismo nunca era su cuerpo gordo. Sólo pudo encontrar palabras para describir su experiencia al leer la compilación de escritos activistas de mujeres, lesbianas y bisexuales cis gordas norteamericanas, Shadow on a Tighrope, de 1983. El título aún resulta estremecedor y reverbera en nuestras carnes del sur global, sometidas a la promesa de extinción por parte del neoliberalismo magro y sus políticas amparadas en un deseo de salud vorazmente captado por el mercado: Sombra en una cuerda floja, esa puede ser una imagen de la gordofobia que me interpela al día de hoy. 

En la actualidad, algunos activistas prefieren hablar de “gordodio”, pues entienden que la palabra “fobia” no da cuenta adecuadamente de lo que sucede en nuestra sociedad con los cuerpos no delgados. En lo personal, entiendo que “gordofobia” no alude únicamente a una experiencia individual traumática que se reitera en el tiempo, sino que es un término “paraguas” y refiere a una matriz de opresión compleja e interseccional, que jerarquiza las experiencias corporales,  patologiza algunas, condenándolas a la extinción. “Gordofobia” sirve para entender ese dolor sin nombre del que hablaba Wann. Y tiene una genealogía en nuestro idioma y un recorrido que no es una mera traducción del término o una adaptación proveniente del norte global recolectada en nuestros territorios ávidos de novedades conceptuales. “Gordofobia” es una invención  activista, un artefacto puesto a andar para dar cuenta de una estructura de sentimientos regional. Si parte de esos sentires se reflejan en las palabras e imágenes de activistas de otros tiempos y coordenadas geopolíticas, eso tiene que ver con las trazas a nivel global de la violencia capitalista y colonial sobre nuestras carnes y nuestra grasa. Mientras exista esta perspectiva gordofóbica en el mundo, gordo seguirá siendo el nombre de mi rebelión.

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