NOCHE

1.La noche está ubicada justo en el centro de la vida, donde todo ocurre.

Por cómo es mi cuerpo, por su naturaleza de signo de pregunta, y gracias a la gente que se preocupa por su fragilidad, pasé mucho tiempo encerrada, esperando a que ocurriera algo. O resignándome a que ya no me iba a pasar más nada, a que mi vida había terminado antes de empezar. Y la noche estaba prohibida.

Pero con el tiempo aprendí que mi cuerpo no es frágil. Hierba mala y todo eso. Aunque está achicado, es deforme, y puede contener una sola emoción a la vez: vienen por turnos y gigantes, estremecedoras. Y los químicos que a los demás solo les hacen cosquillas, a mi prácticamente me dejan la cabeza girando sobre su eje.

2.Una noche que empieza así: estoy triste, me siento insignificante y no sé cómo hablar con la gente en las fiestas. Así que tomo demasiado rápido y fumo y me largo a llorar. Grito, me lleno a bocanadas de miedo.

De repente estoy acostada, porque eso fue lo que pedí. Creo que me voy a ahogar con mi propia saliva o a olvidarme de respirar.

Le hago pasar un mal rato a gente que no tiene nada que ver. Pero me cuidan. Susurran palabras de aliento y de magia, emiten una luz suave a mi alrededor. 

Después me animan a despertarme. Son el tirón que me arrastra de nuevo hacia la risa y la fiesta. 

3.Pasó el miedo y ocupa el cuerpo una euforia tonta. Quiero cerrar los ojos, sentir la música.

4.Un rato más tarde, alguien me explica que al fondo del patio hay una <<dama de noche>>. Imagino una mujer vestida de blanco, pero me está hablando de una planta: dice que solo florece durante la noche y sus pétalos se marchitan al amanecer. Contesto que un organismo tan dramático no podría sobrevivir a largo plazo. Y ahora varias personas tratan de convencerme de que la planta existe. Tomo cerveza a sorbitos.

5.Se sienta cerca un hombre que hace un rato me besó. Me mira y sonríe. 

6.Nos alejamos hacia el patio. Hay que bajar un escalón y me da vértigo: bajo hacia atrás con la silla.

Queremos llegar a la dama, pero estoy mareada y no logro avanzar mucho.

Él va a traerse una silla y una cerveza. En su ausencia me pregunto si no me dejará abandonada ahí. Pero vuelve y me besa otra vez: los labios, el cuello, el escote.

7.Vamos hasta el fondo, hasta la planta.

Algo cae sobre mi pelo. Después, en mis manos. Son los pétalos marchitos de la dama de noche: se precipitan sobre nosotros como una lluvia torpe. Me da risa y trato de explicar por qué, aunque no sé si él me está prestando atención.  

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