PRECARIEDAD

Fragilidad, inseguridad, inestabilidad, brevedad. La precariedad señala un conjunto de sensaciones corporales y anímicas. Un saber del cuerpo, un saberse desde el cuerpo que no obstante nos arroja fuera de los límites preestablecidos del yo, del sujeto delimitado y seguro de sí. Escribe Virginia Cano en Borrador para un diccionario del desacato (2020), Precariedad “como un modo de practicar el extraño arte de la pérdida, del corte y de la corrosión; como una forma de experimentar la incompletitud, de oler la porosidad propia y ajena”. La precariedad es un punto nodal que apunta a una zona de contacto con otros y a la necesidad primaria de ese vínculo con otros, sean humanos, animales, vegetales, bacterias o virus. Un saber de la finitud y la vulnerabilidad, nuestros cuerpos son materia perecedera (fondo de entropía: somos desgaste y transformación irreversible). Pero la precariedad se conjuga también como un saber sobre el tiempo y la temporalidad, es decir, una sensación de inestabilidad vital que se funda sobre la imposibilidad de garantizar la permanencia corporal en el tiempo o cuando las condiciones para su sostenimiento no están dadas. Precariedad es que algo nos pueda suceder en cualquier momento, un cambio súbito que puede suceder sin garantías previas. 

Lo que se descubre alrededor de la precariedad es, en palabras de Virginia Cano, una práctica del acompañamiento y la desposesión como huella comunitaria de aquellos que “saben que están de paso y por eso mismo ensayan maneras de con-vivir y de morir-con”.

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