CAPACITISMO

Atendiendo a la productividad y a la competitividad económica, es actualmente el soporte que ancla como “necesidad esencial” la vinculación de la meritocracia con la somatocracia en el orden de la racionalidad neoliberal; de acuerdo con Gregor Golbring, estos vínculos que responden a una sociedad clínicamente económica interiorizan la constante optimización sobre el propio cuerpo para no quedarse atrás (sea lo que eso signifique).

En lo personal podría definirle como un sistema de estratificación corporal que se caracteriza por la compulsiva coherencia entre la destreza física, el desarrollo cuerdista del intelecto y el aspecto estético del cuerpo; es así que privilegia el cuerpo íntegramente productivo (funcional, completo, sano, inteligente y bello) como objeto deseable, mientras promueve la valoración negativa (deficiente, dependiente, frágil, fea, patológica, tonta e imperfecta) de la discapacidad y otras diferencias corporales que no cumplen con el mandato de la normalidad.

Por otro lado, naturaliza la percepción unidimensional de la realidad al jerarquizar, simplificar y fragmentar la complejidad sensorial; esto no solo privilegia sentidos (ocularcentrismo), sino que excluye a quienes no se ajustan a una realidad gobernada por la integridad corporal, definida como una matriz de inteligibilidad que regula la producción del humano viable, estándar y deseable, donde el proceso de diferenciación entre capacidad / discapacidad da materialidad a sujetos que devienen en horizontes políticos, económicos y culturales afectivamente comprometidos con la autosuficiencia, el rendimiento, la optimización y la resiliencia. 

Eliana Ávila explica que el capacitismo es una tecnología cultural de discriminación interseccional que es promovida en proyectos supuestamente radicales y emancipatorios como el feminismo, la disidencia sexual y lo decolonial.

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