Pierna tatuada con paloma muerta atada

CAPAS NARRATIVAS DEL DESEO / Una conversación con Kenny Lemes

Un claroscuro disidente, desmesura de ternura, potencia y radicalidad sudaka. El cuerpo de obra de Kenny Lemes vuelve perceptible aquello que la aceleración de la productividad visual desecha. Lo transforma en sensibilidad poética. A continuación un diálogo paseante por los rincones de sus ideas y deseos. 

T&B: Empezamos por lo general para poder adentrarnos en las tripas del asunto. ¿En qué momento de tu vida y por qué motivo te empezaste a interesar en la fotografía?

KL: Bueno, yo no sé si a mí alguna vez me interesó la fotografía, digo, la fotografía como algo específico y definitivo. Yo recuerdo de chiquito coleccionar envases de golosinas y sentirme muy atraído por las formas y los colores. Y también de adolescente me encantaba mirar las tarjetas de los boliches. Se acuerdan que en los 90 existían los “tarjeteros”? jajaja los chicos que te invitaban a los boliches de moda y te daban la invitación de esos boliches. Bueno, yo me sentía muy atraído por esos flyers. Las fotos, la tipografía, ni idea qué me hacía en la cabeza. Yo creo que siempre estuve interesado en LA IMAGEN.

Después en mi adolescencia tuve un despertar muy grande con la literatura. Empecé a leer mucho, sobre todo literatura latinoamericana, y escribía. Tenía pasión por la escritura, era muy impresionante.

Con la distancia y el tiempo, creo que soy fotógrafo porque no pude ser escritor. A mí me interesa la fotografía como creadora de mundos. No me interesa “la verdad” a la que estuvo atada la fotografía desde su aparición. Yo no quiero documentar, quiero plantear una posibilidad. Abrir narrativas. Es como escribir, realmente. Cuando la imagen es nueva, el mundo es nuevo.

T&B: Es decir, la fotografía no es un interés disciplinar/formal en sí, sino la posibilidad de la construcción de imagen que brinda el medio, que podría ser otro. 

Y en continuación al planteo sobre la imagen otra, mundo otro, incluso verdad otra, observamos que tus trabajos recientes están particularmente enfocados a las corporalidades y sus modos de vida. ¿Qué te sucede con los cuerpos como potencias de otras verdades, otras imágenes, otros mundos?

KL: Mi abordaje sobre los cuerpos es consecuencia de una conciencia histórica. Lo escribí en algún posteo de instagram recientemente: me siento parte de una sociedad que viene pujando por cambios que tienen que ver con el feminismo y con cierta validación política de las disidencias. Uno ya no es ajeno a esto, está en todos lados: la televisión, la moda, las redes sociales, las políticas públicas. Hay directoras trans en museos estatales, hay legisladoras trans, conductoras de televisión. Es ley la identidad de género, el cupo laboral trans. Hay trámites donde se puede elegir percibirse como no binarie. Realmente es imposible no sentirse en la ola y es imposible que el contexto no afecte mi búsqueda artística. Como hombre gay me interpela este momento histórico, me atraviesa, por lo tanto atraviesa mi mirada.

Yo también quiero hacer cosas por este cambio. Quiero construir una imagen que sea generadora de nuevo sentido.

T&B: Adherimos absolutamente a este cambio coyuntural y resonancia de época, pero también consideramos que mientras no impacte en ciertos estratos culturales y en materias de derechos ( y su correspondiente implementación, claro) el cambio de perspectiva será parcial. 

Sin embargo, observamos que más que una corrección política o una captura de la multiplicidad de lo retratado, tu obra busca realmente multiplicar, logra multiplicar (con multiplicar nos referimos a expandir, a reverberar, realmente a no hacer una captura como modo de vaciamiento o de encierro)

¿Este resultado, es parte del devenir del proceso fotográfico o realmente estas interesado en esa potencia política y lo predispones previamente?

 En otras palabras, esa multiplicación surge del acontecer, del acontecimiento resultante de la obra o es una construcción previa? Algo así como una estrategia, una operación con tales fines. (aunque lo que devenga finalmente es impredecible, no?)

KL: Creo que es probable que se esté mirando la obra con demasiada intencionalidad de “estudio”. Es difícil a veces explicar cosas que suceden un poco entre las capas de la intuición. Yo creo que la imagen funciona porque la intención es honesta, y porque los vínculos son reales. Quiero decir, pienso en el uso extractivista de los cuerpos y de las disidencias en las marcas de ropa por ejemplo. Ahora está de moda recurrir en los discursos de marketing a esto de las “marcas inclusivas”. Y es evidente que hay una estrategia mercantilista que no es honesta. 

La mayoría de la gente en mis fotos son amikas o personas que son parte de mi propia comunidad. Yo no salgo a forzar vínculos con tal de lograr un objetivo estratégico. No es que busco a la persona más rara, ni al cuerpo más gordo, y no me detengo tampoco en ninguna de esas características. No lo vuelvo sello de mi trabajo ¿se entiende?

Fotografío lo que mi comunidad me ofrece en tanto vínculos afectivos e identificación.

Si existiese una estrategia, una “operatoria”, creo que estaría evidenciada en lo que se refiere a la composición y a los escenarios. La parte consciente de toda producción artística. El pie más o menos flexionado, el color de la sábana de fondo. Mirar o no mirar a la cámara. Las referencias históricas de determinada pose, los sustratos de información que uno lleva y que luego se reflejan en lo que produce.

Yo te escribo como si te hablara. Con las mismas dudas. No tengo nada claro.

T&B: No claro, jamas podriamos pensar eso. Si fuese así, nosotras como críticas de esa lógica extractivista e instrumentalista de la diferencia, y habitando cuerpos diversos, lo podríamos detectar. Nuestra pregunta iba orientada a la responsabilidad que conlleva retratar ciertos cuerpos, sabiendo cuales son los riesgos (y también posibilidades) dentro del universo de imágenes que circulan en el arte, en las redes. Identificamos que tu intencionalidad nunca sería la de cooptar u obstaculizar esas vidas, pero también entendemos la fotografía como una conversación y el resultado es un acontecer, pero también la fotografía captura, congela, reúne, etc.

Sin dudas se puede entrever que lo queer de esos resultados son reverberancias de tu propia subjetividad, lo que no formularía una suerte de “voz autorizada” sino más bien una valoración potente de la diferencia.

Ahora que señalas lo escenográfico, nos gustaría que nos cuentes un poco sobre eso. ¿Qué valor le adjudicas a esas puestas en la toma final? ¿Cuales son las decisiones primordiales a la hora de componer?

KL: Lo primordial es siempre lo narrativo. Lo narrativo y el extrañamiento dentro de eso. Es difícil…voy a repetir lo que dije al principio porque me parece que es una pista esclarecedora sobre mi método de trabajo: yo creo que soy fotógrafo porque no pude ser escritor.

Cuando compongo o elijo lugares pienso en qué preguntas podrían generar esas decisiones. No sé, por ejemplo, hay un retrato de un chico trans (Mat) y él está sobre su cama prendiendo una pipa, fumando. Fuera del plano Mat tenía un montón de cajas con pastillas y un nebulizador que había estado usando la noche anterior. Yo para el retrato agarré todo eso y lo puse sobre la cama. 

Yo pienso en esas cosas como “capas narrativas”.

Es como…ok, uno se pone ante la fotografía, ante ese retrato por ejemplo, y lo primero, lo evidente, es la persona. Luego (depende de la persona que mire) si uno quiere puede encontrar un millón de otras cosas que hablan sobre esa persona. Algunos de esos medicamentos eran hormonas, y había algunos antidepresivos. Componer, en ese sentido, para mí es enriquecer la mirada. Hacer que uno se acerque, que se agache a ver qué hay en la esquina de la foto. Que quiera ver qué dicen los tatuajes de la persona del retrato. Esas cosas…

Por eso me cuesta mucho poner la atención sólo en, digamos, en los cuerpos. Yo no fotografío gente porque es gorda o por el cliché que sea que se nos ocurra ahora. ¡Sino sería una máquina de producir! Tiene que haber otra cosa y esa otra cosa es mi motor verdadero. Es lo esencial en mi búsqueda.

Es como “la historia” detrás del retrato. O más importante aún: la POSIBLE historia!

T&B: Perfecto, la estructura narrativa tiene un efecto expansivo anclado en la propia escena que se genera. En este sentido, la utilización de elementos cotidianos e incluso de contextos íntimos que de algún modo articulan como plataforma para darle sentido a un cuerpo en particular -y en contra del contexto aislado de información exterior como el white cube como dispositivo- ¿que diálogo se establece con las personas retratadas? ¿El tiempo que transcurre mientras se confeccionan las obras, es distinto al tiempo que transcurre con esas personas que son parte de tu universo vincular? Es decir, ¿se genera una excepción temporal distinta?

Básicamente la idea es si cuando estás haciendo las fotos se genera como un tiempo distinto. Un clima. Una atmósfera distinta que el resto del tiempo cuando compartis con esas personas.

La idea es tratar de entender si “el momento artístico” genera un tiempo otro, un desdoblamiento o algo similar.

KL: Bueno ¡es el tiempo de la fantasía! es el momento del flash. 

Para mí un retrato nunca es distendido igual. La otra persona tiene una libertad emocional que yo no tengo. En mi cabeza estoy viendo si esa cosa amarilla no estará muy adelante, si su mirada debería apuntar más a un lado o a otro, si lo que se está haciendo tiene potencia visual.

La verdad para mí es un trabajo y generalmente es estresante.

Ni hablar si en vez de divertido el retrato es…serio, sentido. A veces sé que la persona tiene una historia de vida muy difícil o está transitando situaciones complicadas y yo trato siempre de abordar el retrato desde ese lugar. Cuando el retratado mira a la cámara con una intención, esa mirada traspasa todo, cámara, pantalla, todo. Pretendo que el que mira no pueda escaparse de esa mirada, que sea alcanzado por esa bala emocional. Cuando eso se logra es muy impresionante, y la cámara lo sabe.

Cuando tengo esa foto no saco más. Apago la cámara.

T&B: ¡Esto es muy interesante! Como si hubiera algo de la desmesura, de lo que que no se puede sostener, algo que ni siquiera nosotras mismas podemos capturar de nosotras mismas en ciertas circunstancias. Muy potente el diálogo de todo el proceso para llegar a esa instancia, como ir quitando capas al asunto hasta que termina emergiendo lo insustituible, inabarcable. ¿También un límite de la obra, no? Para que esa sea la frontera donde comienza otra cosa que no sabemos bien definir.

Cambiando un poco de tema: ¿proyectos en mente o en proceso? ¿hay algo de lo coyuntural que te convoque a producir?

KL: En realidad estoy trabajando en un libro en estos momentos. No arranqué con nada, pero mi cabeza trabaja para ese libro. Tengo muchas ganas de ver toda esta producción de los últimos años impreso. Tengo texto escrito, y posible título. Y le pedí a algunas personas que escribieran algo que pudiera incluir como prólogo. Nada, una gran fantasía. 

T&B: Más arriba comentabas un poco de la influencia de la literatura en tu trabajo y también podemos observar ciertos asuntos formales de la pintura. En ese sentido,  ¿sobre artes visuales? ¿Tenes referencias o mejor dicho, algunx interlocutorx silenciosx?

KL: Aunque yo no tenga un referente real, consciente, en realidad mi mirada está atravesada por toda la Historia del Arte. En realidad por la Historia del Arte, por esas tarjetas de boliches que te conté antes, por la televisión, por la publicidad, por el imaginario literario, por Tumblr, por todo. Inconscientemente me doy cuenta que aunque no lo quiera la cultura ejerce, impone sus fuerzas sobre mi mirada.

Me pasó en la muestra de MARCO (Museo de Arte Contemporáneo La Boca) que la gente pensó que las fotos vinculaban de manera explicita a poses de pinturas. Encima la muestra se llamaba Venus Perversa. Entonces capaz veían una Venus, un San Sebastián, una Madonna…

La foto de Sónia con el bebé en brazos estaba sola en una pared y decían que esa era mi Madonna jaja.

Me quedo pensando. Creo que abordo mis fotos como stills de una película. Creo que mi referente, si me apurás, tiene mucho que ver con el cine.

Algo de eso. Siempre deseando desde el “contar”.

T&B: No queremos apurarte, pero la referencia de la literatura y del cine parecen lugares muy generosos para construir un cuerpo de obra. Siguiendo esta idea, ¿te gustaría por ejemplo, abordar el cine? ¿Qué otras prácticas incluso no explícitamente artísticas te llaman? 

KL: El cine ni loco jaja. Ya estoy cansada de ser pobre jajaja.

Me interesa la escultura y la instalación. Yo antes de los retratos trabajaba más en un pensamiento sobre la imagen. Pero bueno, las búsquedas se van bifurcando.

Dije “antes de los retratos” pero me suena raro. No es que uno suelte una cosa y agarre otra. Todos los diferentes intereses conviven. Uno sólo hace más visible uno u otro…depende el contexto.

T&B: Totalmente, en este sentido la práctica artística suele ser mucho más coral en vez de esa idea insoportable de la modernidad sobre lo lineal, no?

KL: Lo contemporáneo es la multiplicidad de capas. Igual no me quiero meter en una discusión sobre “lo contemporáneo”.

T&B: Un aspecto muy interesante sobre tus obras recientes, es que no están sostenidas por una idea de irreverencia o inmoralidad, sino más bien un planteo paralelo, una fuga de lo moral. Esto no solo lo vemos como una resultante muy difícil de lograr en los tiempos de corrección y lobbys de la disidencia, sino que también la obra con la que nos encontramos nos desconcierta, nos sorprende, más allá de la ternura que nos remite lo que vemos. ¿Para vos es importante cuidar este aspecto? ¿Crees que allí radica cierta potencia política?

KL: ¿Viste esos antihéroes que son claramente la contracara del “bueno” y que el director logra que uno se sienta identificado con él y hasta justifique un poco sus actos? Yo creo que para eso hay que despejar toda una gran cantidad de capas de “mirada urgente” y apoyarse en algo que nos iguale a todos de algun modo. Vamos a decirle, el factor humano. Yo creo que en mi ejercicio fotográfico aparece algo de eso. Escribo y me quedo pensando eh. 

Creo que, si hubiera algo inmoral en las personas que retrato, yo miro con tanto amor que es difícil ponerse a juzgar eso otro.

Suena medio cursi lo de la mirada con amor. Es probable que sea más que una mirada, yo creo en estas personas. Depósito algo en ellas. No sé cómo decirlo.

T&B: La mirada con amor es una muy poderosa y sobretodo válida, no se si hace falta buscarle un sinónimo.

KL: Yo soy una persona súper pesimista. Tengo una mirada muy triste del mundo. Yo creo que retratar con amor es mi manera de ponerle fichas a esto que vivimos. Depositar algo ahí.

T&B: Nosotras pensamos que la moral es el problema, un sistema que organiza lo que está bien y lo que está mal según valores que estamos en desacuerdo. Vemos acá que la intención de retratar no es exponer a un sujeto o incluso hacer una obra para ser juzgada bajo esos valores, incluso desde un lugar de confrontación. Todo lo contrario, justamente plantear un otro modo de ver el mundo.

KL: Y yo soy un re antihéroe. Capaz yo también deseo que se me mire con el mismo amor.

T&B: ¡Esto nos lleva a una última pregunta para cerrar!

¿Un deseo? histórico, individual, colectivo, actual, político, a futuro, sobre el pasado…

KL: Chapar. Jajajaja

T&B: Jejeje, Hermoso cierre. ¡Venite que te esperamos! 😉

Kenny Lemes, 1985. Fotógrafo cubano con base en Buenos Aires. En el año 2015 ganó la beca del Fondo Nacional de las Artes y en el Centro Cultural Haroldo Conti. En el año 2016 obtuvo una Mención Honorífica Premio de Artes Visuales del Fondo Nacional de las Artes. En el año 2019 fue ganador de una Beca a la Formación del FNA para estudiar en CIA (Centro de Investigaciones Artísticas, de Roberto Jacoby).En el año 2020 realizó su primera muestra individual de fotografía en el Museo de Arte Contemporáneo de La Boca (MARCO)

El abordaje de su obra problematiza la belleza hegemónica y los mecanismos de vinculación a través de una poética sensible e íntima; Lemes se preocupa puntualmente del carácter político de la representación y la imagen. Situando a las personas fotografiadas en escenarios que aumenten la potencia de la visión del mundo del sujeto retratado como la de él mismo, el artista captura un modo de habitar las corporalidades que desborda la normatividad.

Más sobre sus trabajos: https://www.instagram.com/kennylemes

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