barandas del subterraneo cubiertas de cuerina con cierres

AGENCIAMIENTOS POSIBLES DESDE EL PLACER, EL DOLOR Y EL CONSENSO. / Elian Chali

Fotografía: “Sexi” por Nina Kunan. Instalación textil a medida en la salida del subte. 2019.

El BDSM y las vidas disca tienen la posibilidad de reprogramar la eroticidad negada en conjunto y reivindicar aquellos aspectos que la normatividad sexoafectiva suspende.  Siendo ambos mundos capaces de potenciarse y desplegarse en muchos más, el motivo que convoca es claro: desmantelar las formas de opresión que asfixian el deseo. El reconocimiento del otro, la identificación de una problemática en común y el placer como plataforma de subjetivación son algunos de los móviles que caracterizan este cruce.

En los márgenes de los esquemas dominantes, las prácticas BDSM y la diversidad funcional producen afinidad política desde las similitud de las circunstancias dadas en cada campo particular. Las poéticas corporales, las fantasías sexuales, las necesidades de vinculación, los modos de excitación y zonas erógenas soslayadas -entre otras tácticas de encuentro e interdependencia contrahegemónica- son maneras de cuestionar las relaciones de poder: la vida disca está particularmente caracterizada por una reorganización de las jerarquías y esquemas corporales a nivel de la erótica, la sexualidad y los placeres. Esta organización sensible encarnada por más de una máquina humana y otros artefactos, encuentra correspondencia en el BDSM como práctica basada en el consenso.

Desde muy temprana edad, ciertas personas con distintos grados de representación física de su discapacidad construyen nociones específicas sobre los atravesamientos del cuerpo para poder propiciarse un lugar. La ocupación del espacio público como posibilidad de existir colectivamente, la resistencia al sistema fármaco/clínico/psiquiátrico/médico/patológico como proceso de identificación de la geografía corporal y la relación con tecnologías de apoyo, son algunas de las estrategias para afrontar el dolor físico y emocional que acontece en lo cotidiano y que contienen en sí, la potencia de delinear un posicionamiento frente al mercado del deseo.

Comunicación

La verbalización previa sobre deseos y necesidades, es un buen ejemplo de esta transversalidad. No anticipa el devenir del encuentro más bien señala un camino por donde construir la experiencia en conjunto. Una persona con diversidad funcional  puede utilizar un gesto o una palabra para expresar satisfacción-incomodidad, aprobación-rechazo, al igual que en el D/S la palabra de seguridad es condición irrefutable para la construcción de confianza mutua.

De manera tangencial, el escritor Pablo Pérez nos señala en su texto “¿Palabras o etiquetas?” la relevancia de nombrar todo con precisión milimétrica en función de favorecer las exploraciones individuales y desmantelar los tabúes que obstaculizan la imaginación frente a la imposibilidad de inmiscuirse en la materia oscura del deseo ajeno. En ambas situaciones, brindar la mayor cantidad de información posible al otro puede significar no solamente ahorrarse equivocaciones sino también estimular el vuelo de la vivencia y de la fantasía que se genera en el imaginario erótico disponible y proyectable. Esto no es gestión exclusiva del campo intelectual.

La utilización de todas las posibilidades de lenguajes resultan válidas a los fines de transmitir un mensaje o  una sensación, y también como erotización afectiva de la palabra. Abordando la neurodivergencia, el cortometraje “In my language” de la artista y activista norteamericana Amalia Baggs es un ejemplo perfecto de la fuerza de interpelación que pueden generar las bifurcaciones críticas al modelo comunicacional de condiciones físicas normativas. Por su lado, la jerga BDSM se mantiene en constante movimiento y renovación. El desarrollo de terminología específica permite la calibración de las experiencias y el nombramiento de las distintas manifestaciones invita a continuar la expansión de la praxis.

La conversación puede estar constituida por múltiples señales y signos que alimenten la intención de informar al otro en función de recorrer otra gramática sexoafectiva. Explorar aquello sobre lo que erotiza y deserotiza del lenguaje corporal, de la palabra, de la oralidad. Despejarlo todo como liberación y mantener esa declaración de principios permanentemente actualizada, conlleva un compromiso y responsabilidad afectiva que en el fulgor del encuentro resultan fundamentales para expandir los horizontes de lo posible.

Sin encerrarse en un modo específico de intercambio,

Dolor

Otro ejemplo que orienta este cruce es la participación del cuerpo como nodo de afectación. Lejos de reducirlo al asistencialismo, la diversidad funcional requiere tácticas puntuales del campo de los límites y el consentimiento para afrontar el dolor y en muchas ocasiones, otra persona que acompañe el proceso. En el BDSM -particularmente en la línea del S/M- la obtención de placer a través de concesiones de dolor, demanda en la mayoría de sus manifestaciones, la participación de otro ser vivo.  Cuando el dolor es el móvil que motiva el encuentro, el mismo migra de su condición de experiencia sensorial a máquina de producción de sentido. Independientemente de que si el modo de materialización es satisfacción o sufrimiento, el dolor tiene la particularidad de no pasar inadvertido. Su presencia y/o ausencia convoca al reconocimiento y ambas operan como sistema de advertencia.

Si bien en el BDSM el dolor se presenta como motor erotico y para las personas disca puede ser señal de padecimiento, ambas reconocen al dolor como un instrumento simbólico de enseñanza en el que por participación afectiva, todos los integrantes receptores del mismo en mayor o menor medida y bajo distintos modos de transmisión, atraviesan diferentes capas de aprendizajes con el.

Esto no es un recorte categórico o una sentencia indiscutible sobre los formas de relacionarnos con el dolor sino más bien una resignificación del mismo como dinámica de múltiples agenciamientos e invocación colectiva. El dolor se transforma en un artefacto que pone en evidencia la vida, nos señala la coexistencia con todo el tejido vivo y sus máquinas, nos rescata de la alienación.

Cuidado

 

El BDSM se caracteriza por una rigurosidad ética intachable, en la que las personas que acceden al acuerdo en la práctica asumen la responsabilidad del cuidado siendo este un límite territorial desde donde construir intimidades en conjunto. Las tecnologías del cuidado propio y del otro, colaboran en el desbloqueo de ciertas fantasías obstaculizadas por el miedo psicosomático o juicios morales. Emerge una confianza grupal que puede desembocar en autoexploración. En las prácticas eróticas libremente consensuadas, el cuidado no es solo un componente fundamental para el cumplimiento del contrato simbólico, es también una perspectiva. Una forma de habitar la relación establecida. El cuidado mutuo nos garantiza la posibilidad de encarnar el avatar deseado a modo de participación afectiva sin temores.

Cuando cuerpos diversos demandan algún grado de interdependencia para sobrellevar la vida diaria, el cuidado se introduce en las partes comprometidas -persona con diversidad funcional, dispositivos de apoyo, cuidador, familiar, acompañante, vinculo sexoafectivo, entre otros- como una herramienta posibilitadora de una vida vivible. Es decir, lo que se propone como una actitud y una posición frente al otro se transforma en el instrumento indispensable de vinculación. Afectando desde la reciprocidad, el cuidado pareciera percibirse  como una intención unidireccional en el que la persona disca siempre ocupa el lugar de recepción. Pero encendiendo los mecanismos de percepción sensible o simplemente desarmando las representaciones estereotipadas del cuidado, el efecto de réplica que genera hacia aquellas personas que no son depositarias de estas acciones pueden ser potencia de subjetivación. En la atención de las necesidades del otro, en el acompañamiento de los deseos con sus propias temporalidades, las personas que rodean al cuerpo diverso tienen la posibilidad de inmiscuirse en otra vivencia singular no-propia, algo así como un agenciamiento corporal empático que traduce lo que oscila en aquellas vidas discapacitadas o mejor dicho en aquellas condiciones discapacitantes.

En ambas circunstancias, el cuidado es un signo de compañía. En la experiencia del cuidado a otro y al autocuidado, acontece una voluntad de persistencia y vitalidad que lejos de ser una resistencia moral a la muerte es un compromiso con la vigencia de las circunstancias del momento. Un compromiso con la experiencia.

También, tanto en el BDSM como en las vidas discapacitadas, el cuidado tiene una gran incidencia emocional en la que la ternura, la confianza y la alegría se despliegan como embate al optimismo y la positividad neoliberal.

Tecnología

 Existen numerosos registros históricos de implementación tecnológica en cuerpos diversos o dispositivos de apoyo que posibiliten autonomía frente a circunstancias específicas. La revolución industrial atrajo una cantidad de mutilaciones por las condiciones de producción de la época que, en conjunto al modelo medico-clinico-psiquiatrico interventor y  los veteranos de guerra, se instauró en occidente la industria ortopédica y protésica como mecanismos de adaptación y disciplinamiento a las demandas de los modos de vida capitalistas.  Sin embargo, es importante señalar que aunque estas sean otra táctica de normalización de aquellas biografías desviadas e instauradas en el imaginario colectivo por las instituciones de encierro como “fallas o errores”, la tecnología colabora en la independencia y mejoras de calidad de vida para PMR (personas de movilidad reducida). Las luchas anticapacitistas y antibiologicistas reivindican la vinculación con la tecnología incorporada como configuración de un nuevo ser humano posible, más que un intento de adaptación o adecuación al establecido. La autonomía adquirida a través de dispositivos de apoyo funciona como dispositivo de subjetivación; no solo colabora en fines prácticos como el desplazamiento o la comunicación sino en el descubrimiento de un sujeto nuevo atravesado por las circunstancias y con territorios de acción política particulares: la ciudad, el trabajo, los vínculos sociales, la libertad sexual, la educación.

A menudo, las prácticas BDSM utilizan la tecnología como instrumento posibilitador de fantasías en la concreción de un deseo erótico en particular. El enlazamiento entre un objeto material externo y la experiencia corporal, funciona como dinamizador lúdico y a su vez, como herramienta para cuestionar el sexo vainilla, es decir, aquellas conductas sexuales convencionales que no incluyen juguetes, dispositivos o fetichismos.

También, en la encarnación de un avatar o en la elección de un rol particular dentro de estas prácticas, la tecnología se propone como recurso fundamental en la performatividad del encuentro. En el bondage, las cuerdas o las mordazas -entre otros privadores sensitivos- son claves para determinar las posibilidades consensuadas y los roles adquiridos en cada sesión. La subcultura leather utiliza productos e indumentarias de cuero a modo de segunda piel ensamblada con el fin de expandir la capacidad sensorial ya sea a través de la vestimenta, el bloqueo o la exposición de una parte del cuerpo específica. Muchas veces, la combinación de otros accesorios (dildos, electroestimuladores, máscaras, cock rings, esposas, jaulas de castidad, etc.) con productos leather funcionan como resorte hacia la liberación imaginaria del cuerpo. Adoptar un personaje permite no solo desafectarse de la persona que se encarna en la vida cotidiana sino también la transcripción a otro código somático.

Para las PMR, las prácticas BDSM pueden ser una gran oportunidad para replantearse el vínculo con los artefactos que están presente en sus cotidianos. Ambos universos comparten lenguaje y dinámica relacional con los dispositivos que intervienen las corporalidades. En este sentido, lograr una nueva narrativa erótica de manera orgánica puede ser simplemente modificar la perspectiva sobre los mismos objetos y mecanismos. Ambos mundos reconocen la tecnología dentro del campo vincular y reivindican la fuerza de subjetivación.

En muchas ocasiones, los accesorios BDSM son producidos por personas que abordan estas prácticas. Esto significa que la posibilidad de experiencia está diseñada desde participantes activos lo que nos asegura que las búsquedas e investigaciones de las demandas son reales del campo de acción y no estrategias comerciales-productivas disociadas de la materia. El amateurismo, la autogestión y la experimentación son usuales y fundamentales en el abanico de ofertas.

La discapacidad tiene mucho que aprender sobre la autonomía en la producción de tecnologías señaladas anteriormente. En la mayoría de los casos, las prótesis, accesorios y dispositivos de apoyo, están concebidos desde cierto sesgo médico-patológico-clínico y una gran incidencia del mercado industrial de la salud por lo que independizarse y proyectar tecnologías no privativas de intervención corporal, resulta muy complejo.

Cancelación

 Los discursos médicos patologizantes en conjunto con los modos de producción capitalista y la economía del deseo son los monumentos institucionales-simbólicos que cancelan la sexualidad disca. Bajo técnicas de disciplinamiento históricas como la esterilización o el encierro, las posibilidades de exploración erótica de las personas con discapacidad ha sido cancelada sistemáticamente, en función de sostener el standard biologicista que demandan el mundo heteronormativo, vinculandose con la procreación y la moral religiosa como aliados en la misión. Las posibilidades de producción de placer suelen ser descartadas por la propia condición de la circunstancia; el goce es un efecto que se le adjudica a quienes siguen el estatuto de corporalidades con un nivel de autosuficiencia y correspondencia anatómica posibles de organizar y sostener la norma. Esta obstaculización no solo incide en el campo emocional subjetivo de las personas, sino que instaura un método de opresión particular: este tiene como objetivo suspender todo agenciamiento latente en la construcción del criterio político de la sexualidad disca.

Siguiendo los manuales científicos en consonancia con el imaginario colectivo pareciera que el motivo está centrado en que el sujeto diverso -y/o quienes lo rodean- tiene la obligatoriedad de encargarse de otros asuntos supuestamente más relevantes para su supervivencia o que directamente son sujetos incapaces de desear o ser deseados.

También, en la misma línea se encuentra el conflicto de la procreación y la descendencia. Los esfuerzos eugenésicos de la ciencia genética y la industria farmacéutica depositan todos sus esfuerzos en contribuir en el diseño de ese prototipo humano capitalista. En este sentido, el objetivo no solo es modelar una corporalidad hegemónica y una psiquis obediente, sino también descartar posibilidades de desvíos, anticiparse a malformaciones y orientar el avance humano-anatómico hacia la optimización de las funciones productivas.

La libertad sexual en cualquiera de sus desvíos de la norma, históricamente ha sido objetivo de persecución. La heterosexualidad, el pater familias, la reproducción humana y las religiones entre otras instituciones de control, han colaborado en reducir las posibilidades sexuales a funciones sociales específicas. Dentro de la diversas fugas, particularmente el prejuicio al BDSM está configurado desde el rechazo a la violencia y el rechazo a una imagen inaceptable moralmente. Los atuendos, los avatares y los dispositivos de estas prácticas, son un repertorio de elementos con alta carga discursiva vinculada a antiguos métodos de castigo y tipos de agresividad que supuestamente la sociedad dejó atrás. También, cualquier formato que se descarrile del tradicional pareciera caer obligatoriamente en lo perverso, cuando el BDSM tiene como objetivo apropiarse de esas formas y resignificarlas en otra dimensión política. Los gustos y las preferencias que de algún modo permitan la participación de otras personas, objetos, roles o técnicas de vinculación que alteran la pureza higiénica y sueños de blanquitud de dos cuerpos según indican los cánones normativos, no son aceptados como experiencias válidas. En este contexto de normalización del flujo del deseo, la articulación entre el morbo y la curiosidad no resulta tan fácil.

Reconocer que ambos campos son objeto de las mismas opresiones y la persecución constante se basa en impedir la libertad y la autonomía siendo el cuerpo propio vector de la experiencia, es encontrar un causa horizontal que convoca a la organización. Lo que garantiza el sostenimiento de la mala imagen transformada en tabú, no es solo la sociedad negada a abrir su campo imaginario, es el aparato disciplinario que reconoce la fuerza inventiva de esta libertad y se le presenta como amenaza.

Alianza

 Lo que determina este cruce es justamente que no es un encuentro de choque sino más bien un acoplamiento, un enlace técnico-orgánico. Una alternativa al sistema de relaciones socialmente establecido sobre la diversidad corporal y sus afectaciones. Pensar las prácticas BDSM y la discapacidad como agenciamiento, significa pensar la reorganización erótica del cuerpo. Señalar lo que ya sucede en la asistencia sexual y lo que ya sucede en las fugas de experiencias fetichistas desde ópticas cruzadas. Una declaración de principios sobre los formas de vinculación con artefactos externos, otro modo de enlace tecnológico. Hacer del común acuerdo un acontecimiento deseable. Reterritorializar las zonas erógenas canceladas por la normatividad. Alterar la pureza pureza higiénica y sueños de blanquitud de las prácticas sexuales y la erótica corporal según indican los cánones normativos. La imaginación de una alianza posible por la liberación sexual, parte del reconocimiento de ambas exclusiones y la identificación de un enemigo en común. Politizar el cuidado como estrategia de cooperación. Derribar las fronteras del rechazo hegemónico con diversión y fantasía.

Texto publicado originalmente en Maricones del mundo uníos y escupíos Nro. 2 – Maricones que arden. Editado por Apuntes para la Desobediencia.

*Elian Chali. Córdoba, 1988. Artista y activista disca. Sin estudios académicos.
Forma parte de Torceduras & Bifurcaciones y de AVAA, Artistas Visuales Autoconvocadxs.

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