Silla de ruedas con cuerdas de shibari y persona de espalda

La elasticidad de nuestras diferencias / Reflexiones sobre el shibari en cuerpos diversos por Sondra Lomax

Fotografias por Dulce Delíahttps://www.instagram.com/delucesysombras/

Esto va a sonar cliché y hasta cursi, pero creo que es importante que nos saquemos de encima así podemos continuar sin el temor a no ser originales: todos los cuerpos son únicos y en eso al fin todes somos iguales. Así de naif y así de verdadero.

Ahora bien, vamos por partes. 

Es totalmente real que cada cuerpo es único, hablo desde la experiencia. Até a muchas personas y cada encuentro fue único.

Estructuralmente las corporalidades lucen similares y aprendemos la técnica basado en ese parecido, pero al momento de atar la más mínima diferencia en la elasticidad de la piel se percibe; la tensión en el cuello, la respiración, la temperatura, el peso, las proporciones, el olor. Todo eso es un mundo de descubrimiento y diversión.

No solo por las diversidades corporales son particulares estas vivencias, sino también por la forma como reciben las cuerdas, la actitud. Algunas personas se la pasan hablando y analizando todo, otras se ríen. Otras cuando le preguntas algo es difícil escucharles porque no pueden hacer más que susurrar. Unes se levantan ahí nomás cuando las termino de liberar del último nudo, otras quedan hechas un bollito humano. Algunas lloran.

 Como si no fuese suficiente, nada en la apariencia física o aparente personalidad de la persona atada pueden garantizar como se va a desarrollar la práctica. Cada encuentro es una sorpresa nueva en diferentes medidas. No siempre para bien, no siempre para mal, pero siempre un aprendizaje. 

Esto es lo que nos hace úniques. Ahora vamos con lo que nos hace iguales.

 A todos los cuerpos hay que  cuidarlos durante el proceso. Cualquier persona con brazos atados si se cae para adelante, no goza del movimiento para reaccionar y puede estrellarse contra el piso. Tengo que poder anticiparme para que nadie salga herido.

 Puede que los cuerpos exijan más o menos “adaptaciones”, pero la necesidades a tener en cuenta y observar sus especificidades es lo que genera el estrechamiento, la vinculación. A nadie se le ata como un maniquí. 

Me han preguntado reiteradas veces si es más difícil atar a personas discas y el lugar común puede señalarnos que sí, pero la verdad que no. Porque esa atención especial es algo que doy a todes, siempre. Atar es cuidar, todas y cada una de las veces.

No sé trabajar de otra forma. Mi actitud es entregar el mismo cuidado sea cual sea el cuerpo.  Un mundo donde hay una forma regular y fácil y el resto es alienígena y complicado no es real para mí. Capaz porque me es fácil habitarlo por como soy. Hablo más sobre eso al final.

Mis sesiones de shibari comienzan con el contacto para pedir información al respecto. En un encuentro previo charlamos sobre cuales son las expectativas, explico que shibari es una práctica de riesgo y se acuerdan algunas pautas de seguridad para minimizarlo. En esa conversación también hablamos de consentimiento, ponemos los límites necesarios, hago preguntas sobre su salud y se despejan dudas. 

 Luego pasamos al piso, cama, pasto o donde sea que vamos a atar. El territorio de contacto. Toco su cuerpo, lo ato y desato unas cuantas veces, lo muevo de acá para allá y puede ser que juguemos con otros estímulos y privaciones sensoriales.

Durante ese tiempo (aproximadamente 1 hora) generamos una conexión entre los cuerpos y mentes. Esta vinculación involucra como mínimo confianza y algo de afecto, pero que también puede dar lugar a muchas emociones y sensaciones más como placer, angustia, catarsis, relajación etc. 

Luego viene el descanso. y hacemos lo que en BDSM se llama cuidados posteriores (aftercare en gringo) que puede variar pero en mi caso suele incluir charla, té y panqueques.

La incomodidad de escribir esto

Dicho en pocas palabras, el habitar un cuerpo hegemonico (blanca, cis, flaca, treintañera, en el momento sin discapacidades y neurotipica) me generó cierta incomodidad al bajar estas experiencias e ideas a palabras. Más allá de que la escritura no es un campo habitual que me interese desarrollar, sentí que no tenía nada nuevo para decir desde mi experiencia de vida.

Pero también es cierto que hago mi tarea de consumir material producido por demografias minoritarias de la cual no soy parte. Escucho, miro, espero que las cosas me hagan sentido sin apresurarme. Me dejo interpelar. Eso me ayudó a llegar hasta acá sin caer de un paracaídas.

Acá al foro y al shibari, donde tengo la suerte de conocer a formadores del bien y que en la misma página en relación a todo esto.

Pero con incomodidad o no esta era la respuesta: que yo iba a atar unas personas y escribir sobre ello. Y fue de lo mas lindo atar a esta gente. Quiero más.

Sondra Lomax. 1987, São Paulo / Córdoba. Se dedica al shibari desde 2019. Fue coorganizadora de Shibari Sudaca, conferencia virtual de shibari latinoamericano, en 2020.

Más sobre sus trabajos: https://www.instagram.com/sondra.shibari

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