LOCURA

La locura es una experiencia que representa una capacidad dentro del conjunto de
la diversidad de las expresiones humanas, en tanto que ofrece una respuesta
saludable y/o sensible e identificable como emergente en un contexto
psicosocialmente insalubre, para la supervivencia y ante el sufrimiento psíquico
extremo.
Las violencias, carencias y desigualdades derivadas de las ficciones humanas
consensuadas, la organización social, las relaciones afectivas y la gestión cuerda
del malestar, convergen en un crisol de opresiones en el que la locura se modela y
expresa como un modo o propuesta de elaboración del sufrimiento.
Cuestionando lo saludable o sobrevivible psíquicamente de lo contextual, la locura
desafía toda ficción humana, que soluciona con la creación de ficciones propias
ante “realidades” colectivas que pasa a dejar de compartir, bien en alguna medida
o en su relativa y práctica totalidad.
La locura es una respuesta y una propuesta (que se ha patologizado socialmente y
que ni es una enfermedad, ni por tanto está abocada a la cronicidad, ni
necesariamente permanece o recurre, ni en absoluto cumple o se ajusta en sus
causas, expresiones y evoluciones a las cajas diagnósticas, ni a las definiciones y
expectativas clínicas, y que no debería ser forzada a entrenarse para adaptarse a
sus causas o verse desoída o acallada o excluida), que es general y
cuantitativamente menos lesiva que la acción recurrente y los alcances de las
violencias y comportamientos psíquicamente insalubres normalizados. Menos
lesiva también que las respuestas o conductas derivadas de la deficiencia y las
carencias en la elaboración individual y colectiva del malestar psíquico de las
personas consensuadamente no locas.
La locura también es, por lo general, más visible, identificable y está mucho más
estigmatizada que las expresiones del malestar psíquico en las personas
convencionalmente cuerdas. Es una consecuencia saludable de lo más lesivo de la
cordura y en sí misma ofrece un mapa sobre aquello que da un resultante
enloquecedor de lo contextual y de las relaciones humanas, y la oportunidad de
iniciar procesos de salud colectiva.
Escuchar a la locura, sus narrativas, denuncias, biografías, demandas, respuestas
y propuestas, y toda su expresión, significa tanto identificar claramente las
violencias, desigualdades y opresiones que promueve la cordura en las
sociedades y que atraviesan las vidas, como hallar las fuentes del conocimiento
necesario para la construcción de comunidades menos enloquecedoras para todas
las personas y seres vivos.
La cordura consensuada y la salud psicosocial conjunta es continuamente puesta
en cuestión e interpelada por las respuestas y las elaboraciones de la locura. Las
razonables razones y las causas de la locura y lo que atañe a sus procesos de
“reparación” (en cuanto lo que de sufrimiento supone, y en el respeto a su
legitimidad y a sus aportes), son un saber que se alberga en sí misma y en las
personas que la experimentan.
El respeto al derecho a la locura, a su despatologización, a su redefinición,
resignificación, redistribución, escucha, autogestión y gestión colectiva, y a la
consideración de su subjetividad y su saber experiencial, son demandas políticas
recientes de un colectivo históricamente oprimido y vulnerable, que comparte un
pasado y un presente de exclusión, torturas, precariedad, subalternidad y
vulneración permanente de los derechos humanos en todo el mundo; cuya toma
de conciencia colectiva ha dado lugar a un movimiento loco que comparte un
saber, un activismo, una resistencia, filosofía y cultura loca, rica y diversa, y que
teje vínculos y se entrelaza en alianzas con otros colectivos oprimidos y
movimientos sociales con objetivos de transformación social.

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