Un espacio de creación infinita / Mil del Portal

Imagen: Clovis Trouille – Le Bateau Ivre (1942-63)

Desde adolescente ha sido una lucha para mi reclamar el placer y el goce. Por varios factores, el hecho de ser una mujer-cis, nacida y criada en la periferia de un territorio conservador, misógino y sexista, las pocas referencias sensibles y honestas respecto a la experimentación sexual adolescente, la falta de herramientas para construir limites, los imaginarios cristianos culposos que colonizaban todo el tiempo mi placer. No fue fácil abrirse paso siendo libidinosa y promiscua.  

Mi placer pasó por muchos momentos; desconcierto, dolor, curiosidad, satisfacción, pero hubo un punto de inflexión que me hizo por primera vez pensar sobre la cualidad mágica y secreta del placer; una oscuridad amarronada que en su inmensidad hacía aparecer desde la lejanía una vulva esmaltada con tonos anaranjados que en medida que mi cuerpo se entumecía por la euforia está se iba derritiendo como un chocolate hasta desaparecer. Fue así como supe que había tenido mi primer orgasmo, esta íntima revelación fue muy vital para mi, no solo en lo que respecta al sexo y lo que me habían dicho o no sobre el, sino también sobre la magia del cuerpo, esto genero un cambio de paradigma en mi, en como leía la realidad, pude abrirme a otras formas de entendimiento que no son las hegemónicas, siento que me permitió conectar con un lado sensible y enigmático.

Si tan solo existieran más bisexuales en el mundo

En un momento me rodeé de muchas lesbianas feministas y pensé que había encontrado un lugar donde mi expresión sexual no fuese juzgada, lamentablemente no fue así, de hecho fue la época de mi vida donde menos garche, no se si es porque lo que cotiza más en estos circuitos son la expresión más de la dyke varonera, butch, además de sentir que mi afirmación de femme era subestimada porque no se representaba con la descontrucción necesaria para ser feminista.

Ellas me hicieron recordar que la bisexualidad es algo sucio y que eso las podía contaminar. Recuerdo a una de mis amantes diciéndome que le daba impresión que estuviera con tipos, creo que esto fue lo que me lleva a afirmar que a  veces reterritorializamos prácticas propias del conservadurismo, perpetuando la idea de que existen rangos más disruptivos que otros o más válidos en lo que respecta a la exploración sexual en nuestra comunidad lgbtq+.

Soy activista BI porque considero necesario diversas referencias queers que ayuden a generar diversos idearios sexuales. 

Magia y prostitución

Comencé a prostituirme para mantenerme, pero también con la intuición de que me llevaría a una exploración sexual que hasta entonces sentía me había sido negada.

Fue muy sorprendente como a medida que ejercía el oficio mis epifanías y entendimientos sobre sexo, sexualidad y cuerpo se tornaron muy profundas, no tan solo en la experiencia del goce.

El contrato en el trabajo sexual es tan necesariamente explicito que esta experiencia me permitio conocer y manejar mis propios limites corporales, algo que creo no entendía del todo o no sabía registrar en mis relaciones personales.

Además, esta relación con sexo me permitio afilar otros aspectos que no ubiera imaginado que se ejercitaban, por ejemplo la intuición, mi capacidad de anteponerme a situaciónes que podian tornarse complejas, el poder del domino sensual sobre otro, etc. Abrirme a morbos y fetiches que creo que de otro modo no hubiese podido explorar.

Siento que el trabajo sexual además de traerme un caudal de dinero que de otra manera jamas hubiera tenido, me generó autoamor, autoerotismo y me permitio reafirmar la fuerza que tenemos las femmes. 

Para mi fue necesario romper el mandato de la femeneidad, ponerla en duda, pero creo que a veces en nuestros círculos ese cuestionamiento  es pensado de una sola manera; la de cortarse el pelo, no depilarse y desagenciarse por completo de esa forma de ser mujer, creo que es más que válido pero el problema para mi aparece cuando eso se transforma en la única o más válida forma de trasgresión, creo que eso muestra que nuestra comunidad aún carga con mucha misoginia y estas visiones me parecen que nos siguen limitando sexual y culturalmente. Para mí hay algo super disrruptivo en ser femme (cis/trans), en arrebatarle al cliche su poder, generar ambivalencias y grises en una experiencia que a simple vista puede parecer ordinaria y subestimable, esta fuerza que te toma por sorpresa por no ser lo que lo se espera detras de unos tacones y unos labios rojos feministas 🙂 

Me parece vital torcer las ideas respecto al sexo, al goce y el placer desde una perspectiva creadora, curiosa y por sobre todo alejada de los parametros del bien y el mal, lo bueno y lo malo, el exceso y la falta, dejar de jerarquizar o moralizar prácticas sexuales o experiencias de género.

Fuerzas ambivalentes

Como muchxs que nacimos en $hile, el estallido social del 2019 y la actual neodictadura me dejo en un estado de latencia emocional y  sexual. 

Cuando me repuse un poco y  pude recobrar el afán por las preguntas, se me abrieron muchas interrogantes ¿a dónde fue mi libido? ¿ fue la medicación? ¿fue el hastío que me generó mi trabajo? ¿a donde es que fue a parar toda esa energía? ¿es que esa energía también sana y restituye cuando estamos mal? ¿porque ahora ya no sentía deseo?

Me hizo pensar que la ausencia de goces y placer (en particular los asociados al erotismo, la lujuria y el sexo) son los que dejan en evidencia su intensa existencia. 

Como esta energía y disponibilidad son tan volátiles y erráticas, inclasificables, irreconocibles, me flashea cómo es que nos dan tan pocas herramientas para enfrentar tanto su presencia como su carencia. Me di cuenta que tengo incorporada la linealidad de su constancia, que su ausencia siempre es pensada como algo “negativo” o “defectuoso”. Si bien es claro que el placer se da en otros planos que no tienen que ver con el sexo, si creo que nos falta reforzar ideas afirmativas sobre su falta o trabajar en como esta energía se mueve en distintos planos de nuestra vida, observar ambivalencia y el misterio de esta energía.

Hay algo poderoso en el placer que históricamente ha estado en disputa y que ha querido ser capitalizado, apropiado, destruido, y que a pesar de “sus” esfuerzos no lo han logrado, o no del todo.

Hablar sobre el placer es hablar de una fuerza que se mueve, que no siempre es la misma con una velocidad variante y que mucho de su vaivén está en constante mutación, un arte subjetivo sobreviviente del pinkwashing, un refugio sensible de autoconocimiento y ambivalencia que resiste a la productividad capitalista, una magia íntima y misteriosa que nos (des)conecta con esencialidades no exploradas aún.

*Mil del Portal es creadora y diseñadora en Viciosa Editora, trabajadora sexual autónoma, actualmente parte del equipo de comunicación de Ammar Córdoba, activista bisexual, ha trabajado como acompañante en consejería de aborto, violencia institucional y salud mental.

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